BLAME!: Diez tomos de concreto, silencio y gloria

Fuente: Tsutomu Nihei

Hay mangas que te explican su mundo como si fueras a rendir prueba después. BLAME! hace lo contrario: te deja caer dentro de "La Ciudad" y te obliga a orientarte con pura intuición visual. Ese gesto casi arrogante, pero tremendamente artístico; es el corazón de su encanto.

La premisa es sencilla y, a la vez, inabarcable: seguimos a Killy, un tipo lacónico con un arma absurda, cruzando una megastructura interminable en busca de la Net Terminal Gene, una llave biológica que podría devolverle a la humanidad el acceso a una red de control (y, por extensión, a una idea mínima de orden). Pero BLAME! no trata sobre esa búsqueda como argumento clásico; la búsqueda es más bien la excusa para mostrar un mundo que se siente como ruina, máquina y tumba al mismo tiempo.

Y aquí viene lo importante: la verdadera protagonista es la arquitectura. No como "fondo bonito", sino como presencia física. Nihei dibuja pasillos que parecen cañones, cámaras que funcionan como catedrales de hormigón y metal, y vacíos que no son "espacio", sino amenaza. No es casualidad que se lo describa a menudo como un autor con mirada arquitectónica: su forma de construir volúmenes, escalas y capas tiene lógica de diseño, no de decoración.

Paneles de BLAME! © Tsutomu Nihei



Esa belleza, eso sí, no es "cómoda". A ratos BLAME! es sofocante. Literalmente: páginas y páginas sin cielo, sin horizonte, sin descanso. El silencio pesa. La escala te aplasta. Y el hecho de que Nihei te dé pocas explicaciones no es un capricho: es parte del efecto. No hay narrador que te abrace, no hay glosario que te tranquilice; hay avance, ruido mecánico, y la sensación persistente de estar metido en un sistema que ya no fue diseñado para humanos.

Por eso BLAME! es tan interpretativo. Se lee como se recorren ruinas: mirando señales, repitiendo pasos, aceptando que "entender" no siempre llega en forma de exposición, sino de atmósfera. Lo que te atrapa no es que todo quede claro, sino que todo se sienta coherente: una lógica fría y post-humana que funciona aunque tú no tengas el manual.

Y si después de BLAME! quedas con esa sed rara (la de mundos que parecen construidos, no inventados), vale mirar el resto del catálogo de Tsutomu Nihei: NOiSE (muy cercana al ADN de BLAME!), Biomega (acción y paranoia biotecnológica), Abara (más agresivo y oscuro), Knights of Sidonia (ópera espacial más "narrativa" pero igual filosa), y Aposimz (otra distopía con identidad propia).

BLAME! no te cuenta una historia: te mete dentro de una estructura y te obliga a sobrevivirla. Si alguna vez sientes que te falta aire… es que lo estás leyendo bien.





Para más información y novedades, visita Mundo Asia, tu fuente de entretenimiento asiático en Latinoamérica.







Publicar un comentario

0 Comentarios