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| Fuente: Naoki Urasawa |
Este mes Naoki Urasawa estuvo de cumpleaños (nació el 2 de enero de 1960), y si hay un autor que merece una torta con forma de cliffhanger es él: el hombre que convirtió el suspenso en un deporte de resistencia.
Urasawa no se hizo famoso por dibujar "cosas raras", sino por algo más difícil: dibujar personas. Gente con dudas reales, pasados incómodos y decisiones que no caben en una etiqueta de "bueno/malo". Esa es su marca registrada: thrillers donde el monstruo casi nunca tiene cuernos… suele tener una sonrisa normal y un cargo respetable. Y lo más potente es cómo engancha lo íntimo con lo histórico: muchas de sus tramas conectan dramas personales con fuerzas sociales, políticas y culturales de su época, como si te recordara (con cariño y un cuchillo) que nadie vive fuera del mundo.
Su carrera profesional arranca en los 80 y, desde entonces, ha demostrado una amplitud que a veces se olvida porque Monster y 20th Century Boys se roban la conversación. En 1983 debutó con BETA!! y, antes de coronarse como maestro del thriller adulto, ya estaba metido en series de acción y deporte: ilustró Pineapple Army (acción/militar) junto al guionista Kazuya Kudo, y firmó YAWARA! (judo, comedia, coming-of-age), que fue un fenómeno enorme: se publicó entre 1986 y 1993, tuvo anime largo (124 episodios) y hasta superó los 30 millones de copias en circulación según cifras citadas en registros de la obra.
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| Fuente: Naoki Urasawa |
Después llega el "Urasawa que te quita el sueño". Monster (1994–2001) es la obra que lo vuelve internacional: un thriller moral y humano con pulso quirúrgico. Su adaptación animada fue de 74 episodios (2004–2005), y es famosa justamente por ser seria y fiel al material. Luego viene 20th Century Boys (1999–2006) y su continuación 21st Century Boys: infancia, nostalgia, paranoia, sectas, profecías pop y esa idea terrorífica de que los juegos de niños pueden volverse guiones para el fin del mundo. La historia terminó saltando al cine con una trilogía live-action estrenada entre 2008 y 2009, con el propio Urasawa involucrado en el guion.
En Pluto (2003–2009) hace algo que solo los grandes pueden: tomar un arco clásico de Tezuka (Astro Boy) y convertirlo en un noir de ciencia ficción con corazón, coescrito con Takashi Nagasaki y con cooperación/supervisión vinculada al legado Tezuka. Décadas después, la historia llegó como anime de 8 episodios en Netflix (2023), lo que reactivó la fiebre Urasawa en una generación que lo estaba descubriendo por primera vez.
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| Fuente: Naoki Urasawa |
Y si alguien piensa que Urasawa es "solo" Monster/20thCB/Pluto, se está perdiendo el resto del menú. Billy Bat (2008–2016), también con Nagasaki, es su lado más conspirativo y ambicioso: saltos temporales, símbolos, manipulación histórica, y una trama que se te queda pegada como canción pegajosa… pero de paranoia. Happy! (1993–1999) muestra que también sabe hacer drama deportivo con una protagonista que pelea contra la vida (literalmente) y tuvo adaptaciones televisivas en 2006. Sneeze reúne historias cortas (1995–2018) y sirve para ver su caja de herramientas narrativa en formato "muestras": ideas distintas, tonos distintos, el mismo oficio.
En años más recientes, Urasawa se dio gustos raros y grandes. MUJIRUSHI (The Sign of Dreams) nació como parte de un proyecto ligado al Louvre y juega con heist, sátira y ese tipo de absurdo que, en sus manos, igual termina hablando de nosotros. Y ASADORA! (serializada desde 2018) confirma que todavía tiene hambre creativa: arranca con una base histórica potente y se va abriendo a misterio y elementos más grandes, sin perder el foco humano.
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| Fuente: Naoki Urasawa |
Otro punto clave para entender su máquina de historias: su colaboración con Takashi Nagasaki. En varias obras funciona como co-creador/coautor, y eso explica por qué Urasawa puede construir tramas enormes sin que se le caigan las piezas: hay una ingeniería narrativa detrás, no solo inspiración. Y, como detalle que suma mucho, su proceso ha sido mostrado y celebrado: en 2019 JAPAN HOUSE LA le dedicó una gran retrospectiva (primera gran exposición en Norteamérica) con cientos de originales y storyboards (ne-mu), literalmente enseñando el esqueleto de cómo arma sus historias.
Por si fuera poco, Urasawa también es músico: compone y toca folk rock con su banda, ha publicado álbumes, y su música se ha usado como tema en adaptaciones de sus obras. Es el típico creador al que el formato le queda chico: si no puede contar una historia con viñetas, la tararea.
Y el dato que lo resume todo (y que explica por qué su nombre aparece en cualquier conversación seria sobre manga moderno): su obra acumula más de 127 millones de copias en circulación solo en Japón y se publica en más de 20 países. Eso no es "éxito de nicho": es impacto cultural.
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| Youtube @-urasawachannel-5463 |
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