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| Fuente: @_MinGwa |
Las historias de Boys’ Love (BL) se han consolidado como un género con una audiencia global apasionada por sus narrativas románticas entre personajes masculinos. Sin embargo, detrás de su aparente escapismo, existe un patrón que despierta cada vez más debates: la presencia recurrente de dinámicas violentas, relaciones abusivas y la normalización de comportamientos que, fuera de la ficción, serían claramente dañinos.
Uno de los ejemplos más discutidos en la actualidad es Jinx. Aunque este fenómeno no es exclusivo de esta obra en particular, sí funciona como un caso representativo de un problema más amplio dentro del BL, donde el abuso, la coerción y la desigualdad de poder son, en ocasiones, romantizados como parte central del desarrollo amoroso.
Desde sus orígenes, el BL fue construido sobre tropos narrativos que no siempre reflejan vínculos saludables. En el manga yaoi (término históricamente asociado al género), las escenas de relaciones no consensuadas eran utilizadas con frecuencia como recursos dramáticos para intensificar la trama romántica. La violencia se presentaba como una expresión extrema de deseo o pasión, y solía resolverse en una relación amorosa entre agresor y víctima. Este tipo de representación se volvió un recurso reiterado que influyó en numerosas obras posteriores.
Diversas investigaciones académicas sobre manga y BL han señalado cómo el amor y la violencia se entrelazan tanto visual como simbólicamente en estas narrativas. Estudios centrados en el período Heisei (1989–2019) observaron que las relaciones BL suelen construirse sobre jerarquías de poder asimétricas, donde símbolos de estatus, dinero o control acompañan gestos de afecto. Esta combinación puede reforzar, incluso de manera inconsciente, la idea de que el amor puede surgir o sostenerse sobre una base de dominio.
Críticos culturales también han identificado una serie de tropos problemáticos persistentes en el género: consentimiento ambiguo o inexistente, trivialización de la violencia sexual y personajes posesivos o coercitivos presentados como románticos, intensos o “misteriosos”. En muchos casos, estas dinámicas aparecen sin un cuestionamiento narrativo profundo ni consecuencias reales dentro del relato.
Desde una perspectiva sociocultural, el BL ofrece a muchos lectores un espacio para explorar afectos y roles fuera de la heteronormatividad tradicional. Sin embargo, esto no implica necesariamente que todas sus representaciones sean saludables. En muchos casos, el género funciona como un terreno de fantasía narrativa que no siempre establece límites claros entre conflicto romántico y violencia.
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| Fuente: @_MinGwa |
En este contexto se inscribe Jinx, exitoso manhwa de la artista Mingwa, también autora de BJ Alex. La historia gira en torno a Kim Dan, un fisioterapeuta atrapado en una situación económica desesperante, y Joo Jaekyung, un boxeador famoso, violento y emocionalmente inaccesible. Acorralado por las deudas y la falta de opciones, Dan acepta un “acuerdo” impuesto por Jaekyung, una decisión que marca un punto de quiebre en su vida personal y emocional.
En Jinx, la problemática no reside únicamente en los elementos narrativos de la obra, sino en la forma en que una parte del público los interpreta y consume. La relación entre los protagonistas está atravesada por coerción económica, abuso emocional y físico, y una clara desigualdad de poder. Aun así, estas dinámicas suelen ser celebradas por sectores del fandom como parte de una historia romántica intensa o deseable.
Uno de los puntos más conflictivos en la recepción de este manhwa aparece cuando ciertos lectores comienzan a justificar o relativizar las acciones de Jaekyung a partir de señales de arrepentimiento o de la revelación de su pasado traumático. A medida que el personaje muestra fisuras emocionales como culpa, inseguridad o sufrimiento, sus actos abusivos son reinterpretados como “comprensibles” o incluso perdonables, desplazando el foco del daño ejercido sobre Dan.
El problema no radica en que un personaje tenga una historia trágica o una construcción psicológica compleja, sino en convertir el trauma en una excusa para la violencia. Asociar el arrepentimiento posterior con una absolución automática refuerza una narrativa peligrosa: la idea de que el maltrato puede ser justificado si quien lo ejerce “sufrió mucho” o “en el fondo es bueno”. De este modo, el abuso deja de ser un límite innegociable y pasa a formar parte de un arco romántico esperado.
Esta normalización se replica en comentarios, edits y discursos que idealizan a Jaekyung como un “red flag atractivo” o un personaje redimible, mientras se minimiza el impacto psicológico y físico que sus acciones tienen sobre Dan. La violencia se diluye en la promesa de una redención futura, un recurso narrativo que, cuando no se cuestiona críticamente, puede contribuir a validar dinámicas dañinas en la percepción del amor.
Este fenómeno adquiere una dimensión aún más delicada si se considera que una parte significativa del público del BL está compuesta por adolescentes y jóvenes. Durante la adolescencia, el consumo de narrativas románticas no solo funciona como entretenimiento, sino también como una fuente simbólica para construir ideas sobre el amor, los vínculos y los límites afectivos. Diversos estudios en psicología del desarrollo advierten que esta etapa es especialmente sensible a la internalización de modelos relacionales.
Cuando relaciones marcadas por la violencia, la manipulación o la coerción son presentadas o reinterpretadas por el fandom como románticas o deseables, existe el riesgo de que estas dinámicas se naturalicen. La figura del agresor arrepentido puede reforzar la idea de que soportar el sufrimiento es una prueba de amor o un paso necesario hacia una relación “verdadera”, una noción peligrosa cuando se traslada a la vida real.
El peligro no reside en la ficción en sí, sino en la ausencia de un marco crítico que permita diferenciar entre fantasía narrativa y relaciones saludables. Cuando escenas de abuso se representan sin consecuencias emocionales claras o son recompensadas con amor, se corre el riesgo de normalizar conductas que deberían ser reconocidas como límites inaceptables.
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| Fuente: @ByeonDuck_ |
Jinx no es un caso aislado. Otras obras populares del BL contemporáneo, como Painter of the Night (Pintor nocturno), también han sido objeto de debate por construir relaciones desde la coerción, el miedo y la dependencia económica. Aunque estas historias se sitúan en contextos históricos o ficcionales, muchas críticas señalan que el problema no es la presencia del conflicto, sino la forma en que este se integra al relato romántico sin un cuestionamiento claro.
Al mismo tiempo, es importante aclarar que el BL no es un género homogéneo. Existen numerosas obras que se alejan de estas dinámicas y apuestan por vínculos basados en el respeto, la comunicación y el consentimiento. Historias como Semantic Error, Cherry Magic!, Taming the Tiger o The Insatiable Man demuestran que el BL también puede ofrecer narrativas cuidadas, emocionalmente maduras y responsables.
Por este motivo, el análisis crítico de títulos como Jinx no busca censurar el género ni deslegitimar a quienes lo disfrutan. Sino abrir una conversación necesaria sobre qué historias se vuelven más visibles y cómo ciertas representaciones pueden influir en la percepción del amor. Leer ficción implica también aprender a cuestionarla.
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