La industria audiovisual asiática fue sacudida por un polémico caso en China, donde una mujer de alto poder adquisitivo financió un drama de más de 50 capítulos con una condición estricta: asumir el papel protagónico femenino y contratar al joven actor emergente Zhong Yufei para coprotagonizar la historia como su pareja en pantalla.
Según reveló la productora Meng Xing, el acuerdo incluía la exigencia de rodar más de 60 escenas de besos y contacto íntimo con el actor. Durante el rodaje, la situación generó una evidente incomodidad en Zhong Yufei, quien recién iniciaba su carrera y admitió que varios acercamientos sobrepasaron los límites estrictamente profesionales. El intérprete decidió continuar con las grabaciones por temor a sufrir vetos laborales o perjudicar financieramente al equipo técnico de la producción.
El conflicto definitivo estalló durante la etapa de posproducción, cuando el equipo editorial decidió suprimir más de 20 de estas secuencias románticas por considerarlas desmedidas e perjudiciales para la coherencia de la trama. Al enterarse de los recortes, la inversionista acusó al equipo de incumplimiento de contrato y optó por congelar los pagos pendientes del presupuesto, dejando el proyecto en una grave crisis financiera.
Ante el impago y las acusaciones, la productora decidió exponer el caso en plataformas como Weibo y Douyin, donde el tema se volvió viral y desató una ola de críticas sobre el abuso de poder económico y la vulnerabilidad de los actores novatos en la industria.
Este controversial episodio abre un debate sobre los límites éticos del financiamiento privado en los nuevos formatos audiovisuales.
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